El absentismo crónico es uno de los factores que impiden que muchos centros escolares mejoren los logros de su alumnado. Parece una perogrullada: el absentismo de más del 10% del tiempo escolar incrementa las deficiencias en el nivel lector, empeora las notas de las evaluaciones y aísla al alumnado en términos de sus relaciones e interacciones sociales con los iguales en clase significativamente. Pero lo peor es que es una circunstancia significativa estadísticamente en todos los sistemas y entornos educativos.

La administración tiende a hacer estadísticas para buscar puntos comunes entre las poblaciones con mayores tasas de absentismo escolar, utilizando factores tales como los índices de inmigración, la incidencia de hogares monoparentales o los problemas económicos de las familias como índices relacionales con el problema. En muchas ocasiones el absentismo se debe más a problemas domésticos o del entorno del alumnado que a una falta real de motivación por su parte. Toda esta información, cuando se obtiene y estudia adecuadamente, es muy relevante a la hora de diseñar medidas de apoyo para cada caso en particular, tanto desde el Centro como desde cualesquiera otras administraciones que pudieran estar implicadas.

Pero toda esta información nos dice, además, que no es suficiente con conseguir la asistencia al centro escolar. Una vez que la asistencia se produce, hay que lograr una reintegración, en todos los ámbitos que se hayan visto afectados por el absentismo y las circunstancias adyacentes, del alumnado en la vida diaria del centro. También es importante que se sientan acogidos, y que perciban que se les ha echado de menos y que su ausencia es significativa en su entorno, para lograr que la remisión del absentismo sea más efectiva.

Dependiendo de los niveles académicos en los que estemos abordando el absentismo, el clima del centro y del aula se convierten en significativos (hay estudios que señalan esa relación, aunque aún no se ha terminado de perfilar), no solamente para los niveles de adquisición de aprendizajes (eso ocurre en todos los niveles), sino en la motivación del alumnado para asistir y participar activamente en las actividades del centro. Y no podemos olvidar la evidente incidencia que tiene, de nuevo en todos los niveles, en el desarrollo emocional y psicológico del alumnado, así como en la prevención de acosos y agresiones escolares, o de problemas genéricos de comportamiento.

Hay estudios que señalan algunos elementos como básicos para generar un clima escolar acogedor y positivo, entre los que cabe señalar:

  • Inspiradores: los centros escolares deben ser capaces de conectar con las aspiraciones del alumnado y alentarles a alcanzarlas. Informar al alumnado de los objetivos que se pretende que consigan en cada curso o área, consensuándolos con ellos dentro de lo posible, para incrementar su sensación de logro y crecimiento personales.
  • Facilitadores de apoyo. Los retos y los objetivos deben acompañarse de un apoyo, siempre necesario para avanzar. En este sentido, en términos generales funciona muy bien el fomento del apoyo colectivo, es decir, del aliento de actitudes de apoyo entre iguales.
  • Salud y seguridad. Una cultura escolar eficaz se desarrolla cuando todos los miembros dela comunidad educativa adquieren la consciencia de su co-responsabilidad en el cuidado tanto propio como de los demás miembros de la misma. Hay que fomentar conductas y actitudes que ayuden a aprender a respetar a todo el mundo, empezando por uno mismo, y a atender a nuestra salud física y socio-emocional, así como a las de los demás.
  • Respeto. El respeto es algo que se presupone en un centro escolar y es esencial inculcarlo en todas las interacciones: entre los estudiantes, de los estudiantes a los adultos y de los adultos entre sí, incluyendo a las familias y cuidadores. Debemos ser especialmente cuidadosos con aquellas personas que pueden percibir nuestro centro escolar de una forma intimidante o extraña, tales como inmigrantes recientes o familias con problemas económicos.

La escolarización, especialmente la pública, tiene entre sus cometidos la de desarrollar la educación de todos los miembros de la sociedad en la que está. Esto se hace posible y factible cuando los centros trabajan para conseguir un clima escolar positivo. Cuando se consigue alcanzar este objetivo, el alumnado acude a las aulas; y cuando no puede acudir y se colabora con las familias y los entornos para erradicar los problemas que lo impiden, es más probable que, además, se queden. Sin ingenuidades y falsas expectativas, pero trabajando para lograr pequeños triunfos.

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