Todos los docentes sabemos lo importante que son las rutinas para el buen funcionamiento de las clases. Si cabe, en el entorno digital esas rutinas son aún más importantes, y por eso nuestro post de hoy habla de las rutinas de aula en el entorno digital.

Las rutinas del aula están pensadas para apoyar el aprendizaje del alumnado generando eficiencia, y eso es igualmente válido en el formato de la educación a distancia. Generan sensación de estabilidad, estructura y control, evitando sentimientos de ansiedad o incertidumbre tanto en las familias como en el alumnado, y esto es especialmente importante en el entorno digital. Es gracias a ellas que las familias y el alumnado saben qué esperar y cuándo, y es esa facilidad de previsión la que reduce el estrés, mejorando y haciendo más fluidas las relaciones con los docentes y, por ende, los aprendizajes.

Todos los docentes con experiencia saben, ya de una manera automática, cómo generar estas rutinas de aula. Pero cuando se trata de convertir ese “automático” en un proceso consciente que trasladar al entorno digital debemos tener en cuenta el cambio de contexto para lograr que dichas rutinas sean claras y consistentes, ayudando al alumnado a sentirse tan cómodos y valorados en el medio digital como se pueden sentir en el medio habitual de la clase presencial.

Algunas cosas que nos pueden ayudar a conseguir esto pueden ser:

  • Colgar las tareas y recogerlas siempre de la misma manera en el mismo tiempo. Todos los tipos de alumnado necesitan información explícita y clara sobre los “cómos” de las aulas virtuales. Establecer claramente la periodicidad de las propuestas de trabajo o de las tareas (diario, semanal, etc) resuelve muchas de las preguntas que se dan para empezar, por lo que favorece especialmente la fluidez con la que se produce el proceso de enseñanza-aprendizaje en este entorno. A la hora de marcar esta parte del funcionamiento del aula debemos recordar hacerlo explícitamente cuando se trata de los objetivos de trabajo o los contenidos del día o la semana; las tareas que tienen que completar; los contenidos y materiales necesarios; cómo acceder a las actividades y tareas; las instrucciones para hacer las entregas de los trabajos y los criterios de calificación; cómo pedir ayuda si la necesitan; cómo enviar las tareas una vez terminadas; y usar códigos visuales cuando las características de nuestro alumnado (por edad o por dificultades específicas) así lo aconsejen.
  • Ser consistente. El alumnado tiene que poder concentrarse en su trabajo escolar, y no tener que estar peleando con cómo acceder a los recursos o a las asignaciones, por lo que es importante que seleccionemos unas pocas rutinas y maneras de hacer las cosas para utilizarlas sistemáticamente, especialmente al principio. Y no debemos olvidar que, igual que en las aulas físicas, es necesario recordar al alumnado las tareas y fechas pendientes.
  • Colocarlo todo en un mismo lugar. En cada área o cada clase debemos intentar limitar el número de sitios donde el alumnado o las familias tienen que entrar para poder acceder a los recursos o la información. Crear un repositorio central para los materiales de enseñanza aprendizaje es una posibilidad para conseguir esto, así como hacer listas de tareas descargables e interactivas. También debemos ser constantes en lo tocante a los momentos en los que entregar o pedir las cosas, para evitar frustraciones, retrasos y preguntas innecesarias que entorpecen enormemente el proceso de enseñanza-aprendizaje.
  • Hacer que la comunicación sea fácil de entender. En este sentido, también es importante llamar siempre a las mismas cosas de la misma manera (archivos, portales, entregas, etc), de manera que el lenguaje, que en el contexto digital es muy amplio, en el contexto de nuestra aula virtual sea unívoco. Cuando usemos lenguaje escrito, debemos recordar que es más práctico y productivo utilizar técnicas de visual thinking o infografías que largos textos corridos en el entorno digital. Si usamos distintos lenguajes o entornos (vídeos, infografías, cómics, podcasts, etc) es importante señalar específicamente cómo y para qué pueden o deben usarlos. Al usar herramientas grupales, tales como las videoconferencias, debemos establecer unas reglas claras y específicas de uso para nuestras clases (con la cámara abierta o no, con o sin micro, con participación abierta o con regulación de los turnos de palabra, etc); esa regulación es imprescindible para poder hacer un uso práctico de videoconferencias o chats.
  • Proporcionar un lugar común donde hacer las preguntas. Una vez establecido, debemos enseñar al alumnado a utilizarlo para que no tengan que preguntar todos lo mismo, ahorrando una enorme cantidad de tiempo a los docentes y mucho tiempo de espera al alumnado, al tiempo que favorece la autonomía de éste. Dependiendo del entorno educativo y nivel en el que estemos trabajando, se puede valorar también la posibilidad de que el alumnado interaccione entre sí para contestar preguntas.
  • Organizar y mantener unas normas sociales positivas. No debemos olvidar aprovechar la oportunidad que el trabajo online nos proporciona para que nuestro alumnado aprenda netiqueta de una manera positiva, y se acostumbre a usarla sistemáticamente en sus interacciones digitales. Esto puede incluir desde el adecuado uso de las mayúsculas hasta las diferentes maneras de interaccionar y participar dependiendo del contexto social y de la plataforma o medio de comunicación que se esté utilizando, así como la generalización de estos aprendizajes a otros medios y contextos fuera de la clase digital.

Como siempre que hacemos posts con ideas para usar en nuestra realidad docente, estas son algunas de las posibilidades y necesidades, que no todas. Un punto de partida desde el que comenzar (o reorganizar) nuestro funcionamiento en las aulas, sean éstas digitales o no.

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