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La resiliencia es la capacidad de superar cualquier diversidad saliendo reforzado de la misma. Permite a las personas afrontar y superar situaciones adversas. Es algo sobre lo que, en los últimos dos cursos, hemos aprendido mucho de manera automática y, la mayor parte de las veces, inconsciente. Vamos a sistematizar un poco ese aprendizaje en el post de hoy.

El estrés y las depresiones entre docentes van aumentando por años por la incapacidad de controlar las situaciones en las que se enfrentan a diario. La soledad y la falta de entendimiento por parte de sus compañeros, que a veces asumen actitudes de pasividad y falta de motivación, hacen que la resiliencia disminuya y estas situaciones de tensión sean incontrolables. Ser resiliente permite al docente tener una salud y una fortaleza emocional capaz de afrontar y superar las adversidades que tienen lugar a lo largo de un curso escolar, que pueden (y suelen) ser muchas y variadas. De ahí su pertinencia, y la importancia de trabajarla.

Joan Vaello en su libro El profesor emocionalmente competente distingue tres grandes fases para convertirse en docentes resilientes. Son estas:

1. Resistencia a la destrucción. Esta primera fase consiste en aguantar las primeras adversidades importantes que se dan en un curso académico, es decir, aguantar sin derrumbarse o abandonar la práctica docente.

2. Reconstrucción. Consiste en ir recomponiéndose pese a las circunstancias adversas que rodean un curso escolar.

3. Fortalecimiento de defensas. Se basa en la previsión y prevención ante adversidades que pueden suceder en un futuro a corto o medio plazo.

Tips (estrategias) para potenciar la resiliencia docente:

  • Hay que comenzar por estar y sentirse bien con uno mismo. Es imposible afrontar un curso académico desde una perspectiva resiliente en caso contrario. Hay que darse cuenta de ello y ser capaces de reaccionar para discernir si las adversidades son causadas por el ambiente del centro o por nuestra percepción partiendo de nuestros sentimientos. Y una vez hecho ese diagnóstico, trabajar para lograr estar y sentirse bien.
  • Afrontar las adversidades de forma gradual. Cuando tenemos una situación problemática, no podemos enfrentarla de golpe. Lo mejor es empieces por aquellas partes o situaciones de más fácil resolución y controlarlas. Posteriormente se trata de ir afrontando las que suponen una mayor dificultad, pero sin caer en la evitación, es decir, posponiéndolas durante todo el curso académico. Según se vayan resolviendo las primeras, podremos ir cogiendo «impulso» para resolver las demás, utilizando los buenos resultados obtenidos en dichas resoluciones como refuerzo en la tarea.
  • Pasar a la acción. Si bien resiliencia se equipara con resistencia, no son iguales. Y trabajar en la resiliencia comporta una actitud activa de mejora: no se trata de aguantar y sobrevivir, sino de mejorar y sacar provecho, terminando en una situación mejor de la que teníamos al comenzar.
  • Redimensionar los problemas. Cuando algo nos preocupa o nos genera problemas tenemos una cierta tendencia a sobredimensionar su peso y su importancia, generalmente de manera proporcional a la ansiedad que nos genera. Para poder abordar la solución de un problema, lo primero que hay que hacer es verlo en su auténtico tamaño y valorarlo como tal.
  • Saber distinguir las áreas de influencia. Ningún docente puede controlar todo lo que ocurre en las aulas o entre su alumnado. Se trata de hacerlo desde una perspectiva positiva, preparando lo mejor posible lo que está bajo nuestro control y no permitiendo que aquello que no lo está nos impida hacer lo que queremos (o consideramos que debemos) hacer. Trabajar en lo que podemos influir, no en lo que nos preocupa y está fuera de nuestro alcance.
  • Aprender de uno mismo. Tenemos que recordar que toda nuestra trayectoria nos ofrece experiencias de aprendizaje que nos ayudan a enfrentar las situaciones que vivimos.
  • Saber pedir ayuda. Ser conscientes de que podemos necesitar ayuda y ser capaces de pedirla cuando la necesitamos es importante. En el ámbito docente, el primer lugar donde buscarla es nuestro entorno profesional: no solamente puede ofrecernos soporte en términos estrictamente profesionales, sino también en el ámbito personal y afectivo. Más allá del entorno profesional, podemos buscar distintos tipos de ayuda, dependiendo del problema o las situaciones a que tengamos que hacer frente.
  • Centrarse en el presente. Algunos autores lo denominan desconexión emocional, es decir, no hay que recrearse ante lo que no ha salido bien el día anterior y más cuando se ha tratado de un problema de difícil o imposible solución. Las personas que carecen de resiliencia viven permanentemente en el futuro, es decir, viven y reviven los problemas que creen que pueden llegar a pasar sin darse cuenta de que la solución no radica en preocuparse por el futuro, sino en aprovechar el momento presente para, precisamente, poder disfrutar o afrontar con las mejores garantías el futuro que tantas veces nos consume y nos obsesiona.
  • Ser consciente de que todo problema tiene una parte positiva y un aprendizaje. Si no se es capaz de sacar nada bueno de un problema se corre el riesgo de que este problema se repita hasta enquistarse.

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