El tema de la comunicación entre la familia y la escuela, entre los padres y el profesorado, es recurrente. Y no solamente lo es porque suele estar en la base de casi todos los conflictos escolares, sino porque es de vital importancia para el éxito escolar del alumnado,; más, si cabe, cuando además añadimos la enseñanza online o el modelo híbrido. A estas alturas todo el mundo, familias, docentes e incluso alumnado, es consciente de esa importancia. La cooperación es más que deseable, es casi imprescindible: incide en la alfabetización en Educación Infantil, en el rendimiento en Educación Primaria, en el desarrollo de la autoestima o en la erradicación de los acosos escolares en todos los niveles, entre otras muchas cosas.

En lo que se refiere al desarrollo de esa cooperación, todos los docentes conocemos la realidad; y ésta es que hay padres muy implicados, que son una minoría, y una mayoría de padres ausentes. Generalmente, ausentes suelen estar los padres con menor nivel de estudios y menos conocimientos pedagógicos, aunque también hay muchos que no tienen ningún interés. Y luego está el grupo de padres que devalúan el trabajo del docente y lo consideran una pérdida de tiempo, en el mejor de los casos.

En cualquier caso, y más allá de leer estudios de eficacia en la comunicación, técnicas de relaciones sociales, y dinámicas de grupos, o de buscar herramientas online que permitan la comunicación directa, bidireccional o no, entre las familias y los docentes (que está muy bien, no me entendáis mal), también hay que plantearse otras cosas a la hora de enfocar esta cuestión.

Quizá desde el papel de docentes que todos tengamos perfectamente clara la tipología de padres que solemos encontrar y lo que eso supone para la necesaria colaboración familia-escuela. Pero también deberíamos reflexionar sobre el punto de vista en espejo, el contrario. No es muy complicado, pues muchos docentes somos también padres: ¿qué tipologías de profes nos encontramos con nuestros hijos y qué reacciones o sentimientos nos provocan?, ¿qué nos cuentan los padres de los compañeros de nuestros hijos, cómo expresan sus sensaciones y qué conllevan?, ¿qué nos gustaría encontrar y raramente encontramos, en qué situaciones, y qué mejoraría?

Es posible que las respuestas a esas y otras preguntas en ese contexto nos permitan plantearnos otros puntos de vista, y a partir de ahí otras opciones de comunicación o, incluso, otras situaciones sobre las que incidir para avanzar en lo indudablemente importante: el logro de la colaboración entre las familias y los docentes. Al fin y al cabo, no perdemos nada por intentarlo, ¿o si?

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