Conocemos el concepto de portfolio en educación a través de la enseñanza de idiomas, especialmente desde que la Unión Europea publicó unos estándares de idioma comunes y unos modelos de portfolio, que además versionó para distintas edades o niveles escolares. De la misma fuente sabemos que el portfolio puede ser en papel o digital, gestionado por los docentes o autogestionado, para niños en edad escolar y para adultos. Pero con toda esta información aún no tenemos claro ni lo que es en realidad ni las bases pedagógicas y/o metodológicas que lo sustentan. En este post pretendemos aclarar algunos de estos puntos.

El portfolio es principalmente una herramienta de evaluación. De acreditación de un trabajo, de autorreflexión sobre el aprendizaje realizado y la trayectoria del mismo. Por tanto, una herramienta de aprendizaje y evaluación que realiza el alumno a medida que aporta sus tareas, sus actividades sobre una determinada materia o sobre un proyecto educativo para informar sobre los logros y avances; además en ese proceso participa el alumno valorando qué ha aprendido y cómo lo ha aprendido, con lo que la evaluación adquiere un carácter formativo en la que el alumno participa activamente.

Así, algunas fuentes consideran que los objetivos clave del portafolio educativo del alumno, los siguientes:

  • Actuar como guía en el proceso de aprendizaje de los alumnos.
  • Visibilizar ante los alumnos sus propios logros.
  • Concienciar sobre los conocimientos previos que tiene el alumno y cómo puede integrarlos a la tarea nueva que se le encomienda.
  • Ofrecer resultados inmediatos del esfuerzo y logro de los estudiantes al tratarse de un trabajo continuado, aumentando su motivación y autoestima.
  • Ofrecer una imagen global y amplia del aprendizaje, más allá de los resultados de una sola actividad.
  • Establecer relaciones de unas actividades con otras, y de los resultados de todas ellas en favor de un objetivo didáctico más amplio.
  • Permitir al alumno tener un papel activo en su aprendizaje mediante la búsqueda de información, el análisis y su aplicación para resolver problemas.
  • Al tener un carácter cooperativo, permitir la interacción y la comunicación constante entre el docente y el alumno, y de los alumnos entre sí, para la organización y el desarrollo de las tareas o actividades.

No podemos olvidar que la implementación de un portfolio conlleva una serie de dificultades, entre las que podemos resaltar la dificultad de integrarlo en el sistema rígido y burocrático de evaluaciones que solemos tener en nuestras aulas, con los cambios de metodología y funcionamiento de aula que supone, y la autonomía que se necesita por parte del alumnado, que tiene un papel mucho más activo del que viene teniendo tradicionalmente. Pero lo cierto es que en unas aulas con metodologías mucho más activas que hace unos años su desarrollo comienza a verse ya como algo accesible al alcance de casi todos.

En su puesta en marcha de facto hemos de tener en cuenta muchas cosas. Dependiendo del uso que se vaya a hacer del portfolio las decisiones, estructuras y partes del mismo cambiarán considerablemente, como también lo harán en función de la edad del alumnado, del área en la que se vaya a implementar o de si se va a desarrollar en formato digital o no.

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