Hasta hace unos años se aceptaba como información segura que el cerebro dejaba de crecer, evolucionar y cambiar una vez pasada la infancia. Pero ahora, gracias a los estudios neurológicos llevados a cabo en los últimos veinte años, sabemos que eso no es cierto. Muy al contrario, el cerebro cambia, evoluciona y se desarrolla a lo largo de toda la vida. Y eso altera en gran medida nuestras apreciaciones e interpretaciones sobre el comportamiento o las potencialidades adolescentes y la incidencia que se puede plantear sobre ellos.

Vamos a centrarnos en dos características esenciales de esa etapa, por su importancia: el comportamiento y la capacidad de aprendizaje.

Si algo caracteriza a los adolescentes en lo referente al comportamiento es la falta de preocupación por el riesgo y la importancia de los iguales. En comparación con el comportamiento adulto, el comportamiento adolescente es mucho más variable y permeable frente al entorno social. Y es de sobra conocido que, también en comparación con el adulto, el comportamiento adolescente tiende a ignorar los riesgos en las tomas de decisiones. De hecho, algunos estudios demuestran que los adolescentes tienden a ignorar los riesgos mucho más en compañía de otros adolescentes, mientras que cuando están solos su comportamiento es prácticamente idéntico al de un adulto; por el contrario, en los adultos el comportamiento es mucho más restrictivo cuando están acompañados que cuando están solos.

Y esos mismos estudios revelan que esto se debe al desigual desarrollo de los sistemas límbico y prefrontal en el tiempo: en los adolescentes el sistema límbico está mucho más desarrollado que el prefrontal. Siendo el sistema límbico el encargado de la recompensa y la satisfacción, y el córtex prefrontal el encargado del autocontrol, y la planificación, el resultado de este desarrollo desigual es el comportamiento habitual de los adolescentes, tal como ya hemos descrito anteriormente. Por supuesto, a esto siempre hay que añadir los factores externos, tales como la presión social o las expectativas del entorno.

Pero la adolescencia es también una etapa de enorme desarrollo neurológico, lo que les provee de una enorme receptividad al aprendizaje: aprenden más deprisa que los adultos y retienen esos aprendizajes durante más tiempo, teniendo aún la potencialidad para mejorar sus capacidades, incluso el CI.

De cara a las aulas, toda esa información nos permite incidir de tres manera diferentes:

  • Dando información a los adolescentes de lo que está ocurriendo en sus cerebros y las consecuencias que ello tiene en su comportamiento. Darles un contexto real en el que comprender sus cambios, neurológicos y emocionales, y al que ajustar sus expectativas respecto a su potencial de desarrollo intelectual puede suponer una diferencia cualitativa importante. Explicarles los distintos ritmos de desarrollo de sus sistemas límbico y prefrontal y lo que ello conlleva, la influencia con ese desigual desarrollo de la presión de los iguales, y la maleabilidad del cerebro adolescente permitirá a éstos no solamente comprender mejor lo que les está ocurriendo mientras ocurre, sino también controlar e influir en su propia conducta y desempeño en todos los ámbitos.
  • Utilizando la influencia social de los iguales en positivo para permitir que desarrollen por sí mismos conductas adecuadas o tomen decisiones no lesivas. Esto no es nuevo, y se viene usando de forma generalizada tanto en los centros de enseñanza como en las campañas de todo tipo que utilizan al grupo (las de justicia social y opinión grupal para erradicar conductas de acoso, por ejemplo, entre otras muchas), pero no por ello es menos eficaz.
  • Enseñándoles autocontrol. No sólo no es demasiado tarde para que aprendan el autocontrol y todo lo que conlleva, sino que el hecho de que sea en la adolescencia cuando el córtex prefrontal se desarrolla hace de esta etapa quizás una de las mejores para afrontar estos aprendizajes. Esta zona es en la adolescencia especialmente receptiva, por lo que es el momento perfecto para procurar inculcarles auto-regulación, planificación, empatía, etc.

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