Los niños con el síndrome de Asperger interpretan el mundo de una manera muy diferente a los demás. Se caracterizan (en términos colectivos, con enormes variaciones individuales)por tener unas habilidades comunicativas en el ámbito social distintas de los demás niños, dificultades para regular las emociones, alta sensibilidad sensorial, dificultades de aprendizaje, y comportamientos e intereses repetitivos o persistentes.

Aun cuando sus comportamientos suelen tomarse como inadecuados, intencionadamente groseros o desafiantes, distan mucho de serlo y se atribuyen a diferencias neurológicas en los niños afectados, que hacen que perciban el mundo de forma distinta, muchas veces confusa e incluso amenazante.

Es frecuente que los niños con este síndrome presenten altos niveles de ansiedad como resultado de su incapacidad para interpretar las interacciones sociales. A veces también tienen dificultades para identificar correctamente o expresar sus emociones.

Todas esas características hacen que en los colegios sus comportamientos puedan manifestarse como evitativos, repetitivos, irritables, frustrados, agresivos o desafiantes, y se van incrementando a medida que los niños van estando más cansados, según avanzan las horas, las semanas o los trimestres.

En términos generales, cuando tenemos niños con estas características en el aula, hay una serie de pautas y puntos de partida que pueden facilitar, a veces un poco, a veces enormemente, su adecuada inclusion y desarrollo en las actividades escolares, y nuestro trabajo como docentes. Vamos a citar algunas, como punto de partida:

  • Seguir las recomendaciones de los médicos o psicólogos del niño.
  • Coordinarse con los profesores de niveles anteriores y con la familia. Cada niño es diferente, y necesita una atención diferente; esa máxima, que es cierta para todo nuestro alumnado, no lo es menos para el niño con Asperger, de modo que debemos huir de generalizaciones y buscar y utilizar aquellas estrategias que hayan sido adecuadas con anterioridad. Hacerlo así no solamente facilitan nuestra tarea inicial en el aula, sino que ayudan al niño al aportarle continuidad en su vida escolar. Todo ello sin olvidar que todos evolucionamos y cambiamos con el tiempo, y por tanto no todo lo que ha funcionado en el pasado sigue funcionando indefinidamente, siempre hay que irse actualizando.
  • Asegurarnos de que en el Plan de Desarrollo Individualizado (cada administración lo llama de una manera) tenemos en cuenta los intereses y fortalezas del niño. Es importante incluir el desarrollo de las habilidades sociales, la regulación emocional y las rutinas diarias. Ah y, por supuesto, irlo actualizando a medida que se desarrolla el curso y evoluciona el alumnado.
  • Extender el planteamiento inclusivo a toda la clase. Es un atraso considerar las estrategias inclusivas como algo exclusivamente dirigido al alumno Asperger. Todas las estrategias que pongamos en marcha serán de utilidad para todo el alumnado, a cada uno según sus necesidades, y es importante tenerlo en cuenta. Por otra parte, el uso de estas estrategias con todo el alumnado de la clase ayudará a que vaya despareciendo la estigmatización que en determinados contextos se ha venido dando con este tipo de alumnado.
  • Hay que ser flexible en las expectativas que se tienen con respecto al alumnado. Si bien esta afirmación es válida para todo el alumnado en general, lo es más, si cabe, en el alumnado Asperger, por cuanto una adaptación adecuada a un determinado entorno de trabajo o relación escolar nos puede hacer creer algunas o todas nuestras actuaciones específicas ya no son necesarias, cuando eso no es real.
  • Utilizar la lógica y el razonamiento para corregir o modificar comportamientos dentro de las situaciones habituales del aula es más productivo en términos de resultados y de aprendizaje que utilizar castigos o estrategias de extinción de comportamientos en este tipo de alumnado, por cuanto suelen regular sus actuaciones según su comprensión de las mismas.
  • Hacer formación específica sobre el síndrome de Asperger suele ser muy productivo para los profesionales que trabajan por primera vez con estos niños, no solamente porque les permite se mucho más eficaces en el desarrollo de sus actividades profesionales, sino porque una mayor comprensión y conocimiento suele transformar emociones negativas (agotamiento, nerviosismo, enfado, frustración) en otras mucho más productivas y positivas (comprensión, curiosidad, esfuerzo, empuje).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Siguiente entrada

TICs y aprendizaje: mucho más que juegos

Mié Oct 23 , 2019
Cuando nos planteamos los recursos para usar en clase, seleccionamos cuidadosamente los materiales curriculares y complementarios que queremos utilizar u ofrecer a nuestro alumnado en […]
error

Si te gusta el blog, comparte :)