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En mayor o menor medida todos somos conscientes del cambio que se cierne sobre los centros y entornos educativos. Una parte de ese cambio ha venido propiciado, o empujado, por el parón de la pandemia y la irrupción de las tecnologías en las aulas en todos los niveles, pero también es cierto que son las necesidades y peculiaridades de nuestra sociedad actual las que, en último término, están haciendo ese cambio imprescindible. Y quizás la parte más importante de ese cambio resida en la transformación de las aulas tradicionales en aulas de aprendizaje activo. Vamos a comenzar el post definiendo lo que entendemos por aula de aprendizaje activo.

Para empezar, consideramos que las aulas de aprendizaje activo van mucho más allá de crear espacios de uso de TIC. No se trata de poner el rincón del ordenador, sino de convertir las aulas en espacios dinámicos que ofrezcan nuevas oportunidades pedagógicas, permitan el aprendizaje activo y ayuden al alumnado a desarrollar habilidades relevantes.

Durante los confinamientos de la pandemia los centros escolares se han visto obligados a generar de la nada y en muy poco tiempo una escolarización en formato digital alternando modelos a distancia con los presenciales y los híbridos, y como consecuencia de ello hemos dado un enorme salto hacia la digitalización de la enseñanza, al tiempo que las administraciones educativas están intentando ponerse al día, ofreciendo e implementando plataformas y formaciones para introducir modelos de aprendizaje más flexibles.

El modelo tradicional de aula se está quedando obsoleto, junto con la organización de las mesas en líneas dispuestas para la clase magistral tradicional. En su lugar, está comenzando a aceptarse como modelo más adecuado uno que conlleve el uso dinámico de los espacios de aprendizaje, para permitir una enseñanza centrada en el alumnado, que fomente el compromiso y la colaboración activa del mismo.

Este cambio físico de organización supone y conlleva un cambio significativo en el punto de vista y la pedagogía que se utiliza en clase, poniendo el acento en la creatividad, la colaboración, el pensamiento crítico y la comunicación, al tiempo que se incluyen habilidades modernas tales como el pensamiento computacional, la resiliencia o el liderazgo, cuyo desarrollo conlleva el fomento de competencias sociales y de trabajo en equipo, todas ellas cada vez más relevantes en la sociedad actual.

Las aulas modernas que tienen en cuenta estos modelos metodológicos tienen entornos flexibles, con paredes móviles, mobiliario multiusos y espacios reconfigurables que permiten modificar la organización en función del trabajo a desarrollar, pasando de configuraciones de trabajo individual a pequeños grupos o grupos grandes en muy poco tiempo y con facilidad. Este tipo de organización física incrementa la participación del alumnado y, por tanto, sus resultados, al darle voz y parte en la elección de qué y cuándo aprender las cosas.

Los entornos colaborativos permiten, además, que el alumnado colabore entre sí y se implique activamente en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y que reflexione sobre sus propios procesos, además. El profesorado que utiliza estos modelos de trabajo puede seguir y apoyar distintos estilos de aprendizaje, al tiempo que atiende más eficazmente a la diversidad de las aulas y fomenta competencias tales como la autonomía y la autogestión en el ámbito del aprendizaje. Además, este tipo de metodología suele llevar aparejada la relevancia del trabajo a realizar en términos de contextualización del aprendizaje, así como de diferenciación en lo que a la atención individualizada del alumnado se refiere, facilitando enormemente el trabajo inclusivo y planteamientos programáticos de Diseño Universal del Aprendizaje (DUA).

Más allá del mobiliario (que queda muy bonito en las fotos, y no son nuestro objetivo), la organización de un entorno de aprendizaje activo debe permitir:

  • Flexibilidad. La flexibilidad que permite el rediseño del uso de los espacios permite cambiar la organización del aula a lo largo de la jornada escolar dependiendo de los objetivos de trabajo del momento, de las tareas a realizar o del tipo de tareas que el alumnado (todo o parte del grupo) vaya a realizar.
  • Mayores logros. La utilización de este tipo de metodologías, entornos de aprendizaje, así como el uso de las TIC y de los diseños individualizados del aprendizaje o las reorganizaciones curriculares debe perseguir (y por ende, conseguir) un mayor nivel de logro por parte del alumnado, que ha de participar activamente en su propio proceso de aprendizaje y ser consciente de sus logros académicos, al tiempo que permite distintos ritmos y estilos de aprendizaje individualizado dentro del aula.
  • Aprendizaje independiente. La mayor implicación y participación activa del alumnado en su propio aprendizaje supone su capacitación progresiva para desarrollar un aprendizaje cada vez más independiente y autónomo.
  • Desarrollo de distintas competencias. El trabajo en estos modelos didácticos supone el desarrollo de lo que se conoce como las 4Cs (pensamiento Crítico, Comunicación, Colaboración y Creatividad), así como el desarrollo de las habilidades sociales, técnicas y de liderazgo que el alumnado va a necesitar (cada vez más) para incorporarse a la vida adulta y laboral, donde es cada vez más frecuente el trabajo en equipo, los entornos colaborativos (digitales y presenciales) y las configuraciones flexibles de equipos de trabajo para desarrollar distintas tareas, tanto en tiempo real como en diferido.

Aún cuando estemos por la labor de implementar este tipo de funcionamiento docente en nuestras aulas, lo cierto es que los centros escolares tienen la configuración y el mobiliario que tienen, y lo demás es literatura. Eso es algo de lo que tenemos que ser conscientes y partir si queremos empezar a implementar este tipo de metodologías en nuestra realidad. Pero no puede ser un impedimento (aunque sea un obstáculo en muchas ocasiones). Pero hay formas de crear espacios flexibles de aprendizaje dentro de las aulas tradicionales: tenemos que utilizar lo que hay y lo que podamos ir consiguiendo para generar espacios, diseños y organizaciones de zonas y espacios en los centros en los que se puedan llevar a cabo trabajos flexibles y colaborativos que nos permitan ir cambiando los conceptos de aprendizaje y de centro escolar. Cualquiera que lo haya intentado sabe que no es fácil (ni por el mobiliario, ni por la distribución de espacios, ni por la resistencia del entorno que hay que vencer); pero todo viaje comienza con un primer paso.

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