A estas alturas somos todos conscientes de lo muy especial y diferente que este curso está siendo (y va a ser). Venimos de una situación inédita, después de más de un trimestre de confinamiento y clases online en todos los niveles en el que hemos trabajado y avanzado como hemos podido, e indudablemente eso (y la posibilidad de volver a ese escenario de una u otra forma) marca enormemente este curso que comenzamos.

Tanto los docentes como el alumnado (si hablamos de las etapas más avanzadas) y las familias ahora somos conscientes de la importancia de las plataformas digitales que utilizamos, pero, sobre todo, de la importancia de que seamos capaces de coordinarnos, colaborar y mantener una comunicación fluida.

Dado que los protocolos marcan el uso preferente de la comunicación no presencial en la interacción con las familias, sea cual sea el escenario, es importante que echemos un vistazo al marco y a la organización que le vamos a dar a dichas comunicaciones, ya que ahora somos especialmente conscientes de su relevancia. No podemos dejarlo al azar, a lo que vaya surgiendo, o a lo que vayamos necesitando; tenemos que optimizar la experiencia adquirida en el último trimestre del curso pasado para lograr alcanzar una comunicación fluida y eficaz entre los centros educativos, los docentes y las familias.

En el post de hoy vamos a hablar de algunas cosas que debemos diseñar y organizar para lograrlo.

  • En primer lugar, debemos pararnos a pensar qué necesidades concretas y específicas tenemos en nuestro centro o aula, teniendo en cuenta las características y funcionalidades de las familias, nuestro alumnado y nuestras propias posibilidades reales de funcionamiento. De nada sirve plantear el uso de determinadas plataformas o servicios si no sabemos usarlos o las familias de nuestro centro mayoritariamente no tienen acceso a internet, por ejemplo, por mucho que los manuales o las autoridades educativas nos digan que debemos usarlas. Tampoco sirve de nada plantear una comunicación diaria si estamos en un entorno con familias donde los horarios de trabajo son muy extensos, porque no podrán responder de esa manera. Hemos de ser conscientes de la realidad en la que estamos para poder adecuar nuestro trabajo y comunicarnos de forma eficaz.
  • Una vez que hemos acotado y definido perfectamente las necesidades y posibilidades reales de comunicación de nuestra comunidad educativa, debemos definir unos estándares para dicha comunicación: frecuencia de las comunicaciones, horarios en los que esperar respuestas rápidas de los docentes, plataformas para realizar dichas comunicaciones (mensajes de texto, llamadas telefónicas, emails, plataformas de las administraciones escolares o educativas, redes sociales de los centros educativos, etc), y hacer que todos los miembros de la comunidad educativa tengan información de dichos estándares, de manera que todos sepamos, en todo momento, qué, cómo, cuándo y con qué comunicarnos o esperar comunicaciones. Saber eso de antemano nos facilitará mucho la tarea a todos, familias, docentes y alumnado.
  • Ser proactivos en la comunicación suele ser la mejor manera de lograr que la información fluya, haya menos malentendidos y mejore la colaboración entre las familias y el centro. No se trata de abrumar o aburrir a las familias con un informe diario, pero si de recordar que a efectos prácticos es mejor (desde todos los puntos de vista) dar información que explicaciones. Las familias que no tienen tiempo para hacer seguimientos activos y detallados agradecerán la información relevante y puntual, y aquellas que hacen seguimiento exhaustivo estarán encantadas de tener información directa y veraz.
  • Ser flexibles. Es importante recordar, como lo veníamos haciendo habitualmente en las relaciones presenciales, que siempre hay excepciones de todo tipo en las que necesitamos salirnos de los estándares, o empujar un poco sus límites, para poder dar respuesta a determinadas situaciones. Entre tener unos estándares rígidos a los que ceñirse (como un extremo) y dejar que cada uno haga lo que mejor le parezca sin ningún tipo de organización (como el otro extremo), hay infinidad de situaciones individuales en las que la mejor solución comienza por ser empáticos y escuchar, como principio, para lograr una comunicación fluida y una colaboración fructífera, que es, al final, lo que pretendemos lograr. Es precisamente en estas situaciones extraordinarias, que en ocasiones llegan a ser dramáticas, cuando más importante es esa comunicación y colaboración para llegar al mejor puerto posible.

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