Temas

Entradas recientes

Suscríbete a nuestra Newsletter

La docencia online no es algo nuevo. De hecho, hay quien lleva años trabajando en ella, y no les pasa nada malo. El problema lo tenemos los que hemos aterrizado (por llamarlo algo) de repente, sin intención y sin saberlo casi, en ella. Y lo tenemos porque muchas y variadas razones (falta de competencia digital, falta de equipos y conexiones, falta de lugar de trabajo, falta de infraestructura digital sobre la que trabajar, falta de recursos digitales con los que desarrollar la labor docente, en fin, entre otras muchas faltas) nos han hecho llegar a este tipo de docencia en las peores condiciones posibles. En cualquier caso, a estas alturas, mejor o peor, todos hemos conseguido salir adelante y organizarnos (que era, dada la situación, lo importante). Pero, visto que esta situación no solo se va a alargar, sino que puede repetirse o, incluso, perpetuarse en forma de una abstracta e inviable educación mixta que no llegamos a saber cómo se va a plantear, quizá deberíamos ser conscientes de lo que necesitamos y lo que debemos erradicar para seguir adelante.

Como siempre, estas son algunas ideas, fruto del día a día laboral en que se ha convertido el confinamiento docente, y de la reflexión sobre la perspectiva de una repetición de «digitalización de la educación» en la que nos podemos ver envueltos en septiembre en mayor o menor medida. Por supuesto, como siempre también, hay más, no pretendemos ser exhaustivos, sólo dar que pensar.

  • Tener un sitio adecuado para trabajar. No vamos a pasar un rato suelto con el ordenador. Necesitamos un sitio donde tengamos una iluminación y una ergonomía lo suficientemente adecuados como para no generarnos fatiga excesiva ni lesiones de ningún tipo, ni oculares ni musculares. Un sitio donde tengamos una cobertura de internet suficiente para trabajar con comodidad (sin multiplicar nuestro estrés de trabajo innecesariamente por desconexiones o esperas innecesarias). Un sitio donde poder estar mínimamente separados del resto de las actividades que haya en casa para tener una concentración suficiente para trabajar con una eficiencia normal. No se trata de montar un despacho profesional en casa (la mayor parte de nosotros ni podemos ni queremos hacerlo), pero sí de hacernos un espacio sano (en términos de ergonomía, eficiencia y concentración) donde llevar a cabo nuestra labor profesional.
  • Tener un horario de trabajo. Estamos de acuerdo en que tenemos un público al que atender, y que éste no siempre está disponible (por innumerables circunstancias) en los horarios que queramos establecer; y también tenemos claro que el teletrabajo no pasa por reproducir el horario del colegio como si siguiéramos físicamente en el centro escolar. Pero tenemos que ser conscientes (tanto los docentes como nuestro alumnado y sus familias) que es nuestro trabajo y que tiene un horario. Podemos flexibilizarlo, modificarlo, o establecer tramos, pero lo que necesitamos hacer, imprescindiblemente, es limitarlo. Debemos limitar el número de horas de disponiblidad para las familias (como quiera que las organicemos según nuestras circunstancias personales y profesionales), limitar el número de horas que dedicamos al trabajo más allá de la atención directa al alumnado y las famlias (que suelen ser más), y definir el trabajo como tal, independientemente de realizarlo en casa, separándolo absoluta y taxativamente del resto de nuestra vida, aunque el espacio no varíe.
  • Tener una rutina de trabajo. En cierto modo va implícito en el punto anterior, pero no le sacaremos todo el potencial que puede tener para nuestro día a día si no lo hacemos de manera consciente. Tener una rutina de trabajo, una organización del tiempo que hemos delimitado para trabajar, nos permite planificar las tareas, marcar y cumplir objetivos, medir nuestra productividad, y tener la sensación de avanzar. Cuidar nuestra salud mental (incluida nuestra percepción de nuestro propio trabajo, su cantidad y calidad y su desarrollo) es tan importante como cuidar nuestra salud física, aunque a veces se nos olvide o nos parezca poca cosa.
  • Tener claros nuestros objetivos de trabajo. A estas alturas todos somos conscientes de que trasladar la programación y la organización del aula al mundo digital es virtualmente imposible, más allá de las dificultades obvias de reunión y contacto físico. Por tanto, debemos planificar y programar teniendo en cuenta que trabajamos en un entorno digital, y adecuarnos al medio, en todos los sentidos. Esto supone modificar metodologías, materiales, temporalizaciones, tiempos de tareas, tipos de tareas, expectativas de logro; pero también modificar la organización de feedback o la planificación de las respuestas del alumnado. Ser realistas, modificar nuestras planificaciones para acercarlas a la realidad modificada en la que nos encontramos, nos ayudará mucho (y también a nuestro alumnado y a sus familias) en nuestro día a día.
  • Tener claro el tiempo que nos va a llevar organizar nuestro trabajo. No podemos esperar que montar nuestra base docente online nos lleve un ratito. En lugar de eso, debemos ser conscientes de que vamos a echar muchas horas para tener lo que queremos tener como queremos tenerlo. Pero también tenemos que planificar nuestro trabajo de manera que las horas que echemos en estos principios de organización nos sean rentables y nos ahorren trabajo durante todo el resto de nuestro trabajo digital en los meses venideros. Es importante ser consciente de que el tiempo de planificación y montaje iniciales, aunque mucho, es tiempo que se multiplica en tiempo ahorrado después: echar horas ahora para hacer una estructura que nos permita ser eficaces y operativos con muchos menos tiempo después.
  • Tener claro nuestro nivel y nuestras posibilidades reales. No se trata de desmerecer las capacidades, posibilidades o potencialidades de nadie, pero tenemos que ser conscientes de que estamos viendo por la red montadas cosas que han hecho profesionales a lo largo de varios años, y también tenemos que ser conscientes de lo que podemos abarcar en un tiempo razonable, con un esfuerzo razonable, en este contexto real. Tener los pies en la tierra siempre es importante, y eso sigue siendo cierto cuando los pies y la tierra son digitales (quizás incluso más importante, que se nos van los ojos delante de una pantalla casi tanto como en el escaparate de una pastelería). De nuevo, programar, planificar y reflexionar nuestro trabajo para optimizarlo es de vital importancia.
  • Tener claro el valor de nuestro trabajo. Siempre es fácil pensar que como estamos en casa, sentados en el sofá (error, dolerá la espalda como mínimo en el mejor de los casos), y hacemos las cosas con el ordenador, no conlleva esfuerzo y no tiene mérito. Pensar eso desvaloriza nuestro propio trabajo, no solamente para nosotros mismos, sino para nuestros compañeros y para nuestro alumnado y sus familias (que, además, lo extrapolarán al suyo propio en las mismas circunstancias). Y no es cierto. Como estamos aprendiendo muchos de nosotros por las malas, la docencia online exige muchas horas de trabajo, muchas horas de preparación y planificación, y muchas horas de autoformación permanente por nuestros propios medios, y nada de eso es fácil. Todo ello añadido, además, a nuestro trabajo docente habitual (exceptuando, claro, la presencia física en las aulas). Un incremento enorme de esfuerzo, trabajo y horas. Hay que desterrar la sensación de estar de vacaciones o de no estar haciendo nada (hay quien se siente como si no hiciera lo suficiente), porque no es cierto. Lo cierto es que es un trabajo más especializado que el que hacíamos antes, más exigente en términos de tiempo y de conocimientos, que tanto nosotros como quienes nos rodean debemos poner en valor. No sale solo, no se se nos ha regalado; es importante, nos ha costado tiempo y esfuerzo, y no debemos transmitir lo contrario (no se trata de ejercer de mártires, pero tampoco de quitarse mérito innecesariamente).
  • Como en todo teletrabajo, saber desconectar. Separar por completo, ya que no físicamente, sí de manera personal y de funcionamiento, el ámbito laboral del personal y del ocio es de vital importancia. No por trabajar en casa estamos accesibles al trabajo 24 horas 7 días a la semana, ni para los demás ni para nosotros mismos (no, no se pone uno a montar actividades online en los anuncios de la película, o cuando se acuestan los niños, que ya que estoy en casa no me cuesta nada y solo es un ratito). Tan importante como una buena organización del trabajo es el mantenimiento del tiempo privado y la separación de la vida laboral de la personal. Lo contrario conlleva agotamiento (algunos compañeros están llegando a eso ahora, en el confinamiento, un aprendizaje más de la pandemia), a la desconexión psicológica (ese «no sé por qué, pero no me cunden nada los días, ahora que ya tenía rutina» en el que hemos caído muchos), o a quemarnos (el famoso burn out laboral), y ninguna de esas opciones son sanas. Tenemos que cuidarnos para poder cuidar (o educar, en nuestro caso) a los demás, y eso incluye nuestra salud física (tiempo para hacer ejercicio, comer sano, movernos más allá de la pantalla) y nuestra salud psicológica (desconectar, tener tiempo para nuestras aficiones, nuestra familia, nuestra vida social aunque sea a distancia, etc.).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Siguiente entrada

Lecturas mayo 2020

Dom May 10 , 2020
Selección de publicaciones relacionadas con el mundo educativo y nuestra práctica docente diaria de los últimos 30 días.
error

Si te gusta el blog, comparte :)