Hoy para escribir en el blog me he parado a reflexionar sobre algunas cosas en las que normalmente no pensamos mucho.

Llegados a estas fechas, es gratificante mirar atrás, recordando todas aquellas situaciones o comentarios que han sido de aplicación personal en el buen sentido a lo largo de los muchos años de carrera profesional en la docencia. Pero esa sensación gratificante es agridulce, porque se siente con un deje de desaliento y cansancio que va siendo costumbre en nuestro entorno profesional en los últimos años.

No estoy hablando de cuando encontramos a un profe quemado (así lo llaman, quemado). Hablo simplemente de cansancio; recuerdo algún chiste en grupos de profes con la caricatura de la profe en septiembre y en junio: esa es un poco la sensación.

Y es que los docentes, en términos generales, somos expertos en no cuidarnos. Trabajamos demasiadas horas (aunque los no docentes no se lo crean), con lo que tenemos vidas sedentarias y con menos horas de sueño de las que deberíamos, y además casi no dedicamos tiempo a actividades de autocuidado o refresco. Las razones para que esa sea la realidad en un gran porcentaje de nosotros son varias: damos por hecho que nuestro trabajo es así; simplemente, a lo largo del curso un buen profe tiene otras prioridades, ya descansaremos en las vacaciones de verano…

Pero esa idea preconcebida nos lleva cada vez más al agotamiento. Al fin y al cabo, la carrera docente es una de las más estresantes, y a eso hay que añadir que casi ninguno de nosotros hace nada para gestionar adecuadamente ese estrés, simplemente lo soportamos sin más.

Así, todos tenemos días (o semanas, o meses) en las que tenemos la sensación de no poder más. A menudo estas temporadas coinciden con los finales de curso, en los que estamos agotados o sobrepasados.

Pero como no hay buenas reflexiones sin conclusiones, aquí van algunas pequeñas cosas que, a la larga, pueden suponer una gran diferencia, como 0frenda de reconocimiento, de un docente a otros docentes, por lo que puedan ayudar:

  • Busca apoyos: tener alguien con quien hablar puede suponer una diferencia importante. Si es docente, mejor; entenderá mejor lo que dices y podrá aportar otro punto de vista o sugerencias interesantes. Os ayudaréis mutuamente.
  • Busca ayuda profesional. Si bien hablar y trabajar con alguien supone una gran diferencia, a veces necesitamos algo más profesional. Se honesto con tu nivel de cansancio y estrés, y busca ayuda profesional en tu entorno para ponerle remedio y evitar que vaya a más. No es un problema menor, es importante evitarlo.
  • Recuerda por qué elegiste esta carrera y qué es lo que realmente es relevante para ti en ella. Esto te permitirá ver esa parte de tu vida diaria otra vez (no ha desaparecido, pero la mayor parte del tiempo nos la tapa la rutina) y retomar, en cierta medida al menos, la ilusión y el empuje de tus inicios.
  • Comprométete con el autocuidado: normalmente no lo hacemos porque no tenemos tiempo, y cuando ocasionalmente lo hacemos tenemos la sensación de tener más tiempo y ser más productivos; es paradójico, pero funciona así. Hay muchas opciones: hacer algo de ejercicio, meditar, bailar, salir con los amigos, o disfrutar del silencio con un buen libro que leer (o no leer) en la mano… en fin, busca lo que más te cuadre, pero intenta dedicarte algo de tiempo solo para ti todos los días, puede suponer una enorme diferencia.
  • Algunas de las técnicas que usamos con nuestro alumnado para mejorar la autoestima también pueden sernos de utilidad: desde mantener contacto con antiguos alumnos hasta colgar reconocimientos y regalos como decoración de clase o de la mesa de trabajo, pasando por escribir cosas positivas todos los días en el ámbito laboral. Hay infinidad de posibilidades, que todos conocemos y empleamos, y nunca nos aplicamos. Tal vez sea hora de comenzar. Con una sonrisa.

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